Marijke y Jiske

Marijke es una mujer increíble. El 20 de mayo del 2011, nació su hija Jiske.

Nació en su casa, ubicada en una bella zona de la ciudad de Panamá en las faldas del cerro Ancón rodeada de naturaleza. El parto ocurrió de madrugada en la paz de su hogar. Mientras ocurría, ya al amanecer los primenos venados hacían su recorrido habitual luego de descender del cerro, atravesando el patio de su casa y buscando sus frutos y alimento. Era su primer parto. Como es habitual, largo y agotador. Marijke se mantuvo tranquila, serena, acompañada de su esposo Joris en todo momento.

Fué para nosotros maravilloso e inolvidable acompañarla ese día. Cuando su hija Jiske asomó el inicio de su cabecita se mantuvo allí un largo rato. Pudiésemos decir muy largo debido a que nosotros, privilegiados espectadores de aquella maravilla, expresamos con nuestros ojos el deseo vehemente de “que se apure”, que nazca “rápido”. En realidad no hay apuro. Eso lo entendía muy bien Marijke.

La cabecita de su hija estuvo coronada un buen rato. Mientras su madre descansaba y se relajaba. Finalmente llegó a nosotros una hermosa niña con ojos tan azules y hermosos como los de su madre.

Hoy Marijke espera su segunda hija. En diciembre regresaremos a su casa con la piscina y todo listo, para acompañarla y darle amor en este nuevo nacimiento.

Marijke, Jiske y Joris, son personas que han quedado incorporados eternamente en nuestros corazones.

Dr. Rodrigo Aybar
Dra. Graciela de Aybar

Hace unos meses, Marijke comentaba su experiencia en una publicación dedicada a las mujeres, de esta manera:

Marijke van Hoogdalem se mudó a Panamá, cuando tenía siete meses de embarazo. Ella comentó que en los Países Bajos los partos en casa son cada día más comunes. “Cuando me mudé a Panamá estaba bajo la impresión de que tenía que dar a luz en un hospital, porque es lo que se tiende a hacer aquí. Sin embargo, después de haber visitado varios hospitales y de haber aprendido sobre el sistema médico para nacimientos, sentí temor. Así que busqué en internet y me puse en contacto con la “doula” Jimena Mosquera, y ella me refirió a los Aybar. Mi hija nació un viernes a las 10:15 a.m.; la noche anterior había sentido dolores, mas no pensaba que eran contracciones; alrededor de las 2:00 a.m. estaba en labor, con contracciones que venían e iban sin avisar, con diez segundos de duración y un intervalo de tres minutos. En ese momento decidí meterme al agua, sin saber si realmente ayudaría o no. Y vaya, una vez que entré, el dolor disminuyó un 80% y las contracciones empezaron a llevar un ritmo. El baño era tan relajante y cálido que incluso llegué a dormir entre las contracciones. Debido a que el agua había suavizado la piel alrededor de la vagina, no necesité ningún tipo de desgarro o corte. Un parto tranquilo, silencioso y lento. Realmente increíble. Fue una bendición poder dar a luz en los alrededores de mi casa, con mi música, luces”, comentó Marijke.

El encuentro

Los tres juntos

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