Virginie

Virginie es francesa. Su esposo Bruno, brasileño.

La conocimos hace algunos años en la carretera que lleva a nuestra casa, hacia Gamboa. Es en el Parque Nacional Soberanía. Una área de bosque tropical húmedo que forma parte de la cuenca del Canal de Panamá . Estaba junto a una amiga pidiendo ayuda ya que su auto no funcionaba y se hacía tarde, ya era casi de noche.

Las trajimos a nuestra casa para que pudieran comunicarse con algún taller.
Mientras, conversamos…

Inmediatamente nos percatamos que ambas Cristina su amiga española y Virginie, eran mujeres especiales, diría yo diferentes a lo habitual en Panamá . Cultas ambas, alegres y llenas de energía.

Hice en algún momento de la conversación un comentario que resultaba ser producto de la visión machista que tenemos los hombres de este mundo.
Creo que fue algo de poca relevancia, pero sentí que con justa razón ambas se ofendieron…

Un par de años después, llegó Virginie a nuestro consultorio con su segundo embarazo. Había tenido un parto de su primer hijo en el Hospital Santo Tomás de la ciudad de Panamá. La experiencia fue dura para ambos, pero Virginie con la alegría de siempre se las arregló para endulzarlo todo. Amamantó a su hijo durante meses y se dedicó a su trabajo de madre con total serenidad y habilidad, compartiendo mientras tanto su deliicado trabajo profesional en un Organismo de Naciones Unidas.

Virginie es rebelde, lectora , inquieta…

El nacimiento de su hija, su segundo parto, ocurrió en su casa y en la piscina. Ese día inolvidable nos las arreglamos con ayuda de amigos comunes, su esposo Bruno, Graciela, para acompañar a Virginie.

Nos pasó de todo…se nos acabó el gas del sistema de agua caliente, tuvimos que entretener a su hijo de mil maneras mientras el parto avanzaba, me aluciné con la biblioteca de la casa, conversé con Bruno de música, de Biología , de Antropología…

Mientras tanto Virginie con Graciela esperaban pacientemente el nacimiento de su hija.

El parto fue sereno y bello. La bebé tuvo una llegada dulce a los brazos de su madre.

Al rato el hermanito se metió a la piscina a saludar y jugar junto a su madre y su hermana.

Yo sólo puedo decir gracias. Virginie me ayudó a entender mejor la infinita capacidad de las mujeres a lograrlo todo, absolutamente todo, con amor, alegría y dulzura.

Dr. Rodrigo Aybar

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