El nacimiento humano: Un acto de amor

Durante toda nuestras vidas, hemos venido observando el evento del trabajo de parto y el nacimiento con mucha dedicación y respeto.

En las condiciones más diversas, incluso en aquellos partos hospitalarios, llenos de agresiones innecesarias de medicamentos, equipos, etc, al momento de producirse el evento, se genera una energía inmensa de alegría y felicidad en todo el equipo involucrado: Es la especie, que siente que existe, que se reproduce…

En el nacimiento sin intervención, respetado, todo transcurre de manera fluida y libre y en el cual, el actor principal del evento es el amor.

Porque ?

En realidad es bastante lógica la respuesta:

Si la madre se siente dueña de su cuerpo y de su maternidad, todos los procesos biológicos, fisiológicos que toman parte del proceso del parto, fluyen espontánea y libremente.

La Oxitocina , es la hormona del amor y de la protección.

Los sitios anatómicos involucrados el el proceso del nacimiento, son los mismos que forman parte de la respuesta sexual humana.

Una mujer dando a luz está en la etapa más intensa de su belleza y de su sensualidad. Los cambios de su cuerpo que se producen durante el embarazo y el parto, potencian enormemente su belleza natural.

Una madre dando pecho a su bebé es bellísima.

La adrenalina se eleva bruscamente en el momento de la aparición del reflejo de eyección fetal: movimientos involuntarios de la musculatura del periné de la madre que producen la aparición de la cabeza o la nalga y del cuerpo del bebé.

Su carácter y su personalidad, se manifiestan sin ataduras.

Los sonidos que emanan se su cuerpo llenan el espacio.

Todo esto y mucho más, impregna el ambiente. Llena el espacio.

Su pareja, su esposo, su compañero, su novio y porque no decirlo, en ocasiones su compañera ,se contagian de esa energía.

Porque?

Porque todos los seres humanos producimos Oxitocina.

El hombre, por ejemplo, libera altas cantidades de Oxitocina durante el acto sexual. Lo hace también los días, semanas y meses del encantamiento amoroso con su pareja. ( a veces lo denominan: la “química “, el ” flechazo amoroso”).

Es decir, el amor de la madre y su bebé, sus hormonas, su amor, se contagian en las demás personas que están a su alrededor.

El bebé, dentro del cuerpo de su madre, recibe una estimulación de Oxitocina materna, directa. El también vive el momento de encantamiento amoroso con su madre al momento de mirarla por primera vez. Le sucede lo mismo con el padre.

La aparición de la cabeza del bebé , de su cuerpo… es tan Intensa que genera una respuesta física y emocional de infinita belleza y magia. Los actores involucrados no son conscientes plenamente de lo que hacen en esos minutos, de sus movimientos, gestos y actitudes.

Hemos visto las escenas más increíbles de ternura infinita del padre , para con la madre y su bebé . Es un estado de éxtasis colectivo de infinita belleza e intensidad.
Los besos y caricias de su pareja, la relajan y su anatomía se abre cómodamente, acompañada de una sensación intensa y agradable.

Así cómo el proceso de enamoramiento y encantamiento con su pareja dura un tiempo, pues también ocurre así en el encantamiento con el bebé . Por esa razón es tan importante dar el espacio y el tiempo necesarios luego del nacimiento del bebé, para que se produzca la salida suave de la placenta. Mientras, el bebé está enamorándose de sus padres, sintiendo sus olores, sus colores, su sudor, oyendo sus voces, el latido del corazón de su madre, a través del contacto piel a piel.

El rol de los que estamos cerca, es precisamente no intervenir, respetar profundamente esos minutos tan trascendentales para la vida de esa familia, que se ve enriquecida con la llegada del nuevo ser.

En esas condiciones, la alegría y sensación de plenitud es realmente infinita.

El disparo final de altos niveles de adrenalina, permitirá a los actores recordar toda la vida cada detalle de lo vivido. De manera similar ocurre por ejemplo, los días que rodean el encantamiento amoroso de la mujer con su pareja. Nos acordamos de esos días con increíble nitidez y de los detalles más insospechados.

El recién nacido, no podrá recordar conscientemente esos eventos, pero sin duda alguna, dada su intensidad y las hormonas involucradas al momento de su nacimiento dejarán una impronta, una huella, en su cerebro que le durará toda la vida. Desarrollará la empatía de manera integra y para siempre.

Dr. Rodrigo Aybar
Dra. Graciela Anhel de Aybar

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