Archivo mensual: junio 2017

Gracieili


Esto solo lo puedo empezar como una historia de amor, pero vamos la verdad es que yo no sé escribir, soy por muy lejos mejor lectora que escritora, pero trataré de hacerlo lo mejor posible.Había algo de lo que estaba totalmente segura después del nacimiento de mi primera hija, y era que si volvía a tener la dicha de traer otro hijo al mundo lo haría libremente, si, parece que hablara de que la tuve en una cárcel, y ciertamente parece ser ese el modus operandi en nuestros hospitales públicos. Bien, dije que iba a ser una historia de amor, jejeje ya voy, todo inició cuando decidí informarme, había visto partos en agua en televisión y me pregunté ¿en Panamá hacen esto?, así que puse en google “parto natural panamá” así fue como llegué a conocer a mi doctor Rodrigo Aybar, lo primero que hice fue una cita, claro tenía que saber en detalle cómo era esto, llegué con mi casquito de moto en mano y preguntando como era todo este asunto, jamás había visto al doctor Rodrigo Aybar pero me trató como si fuera su paciente de siempre, me explicó con una emoción que solo quien ha vivido esta experiencia ( y tantas veces) lo puede hacer, había magia en sus palabras, era hipnotizante, inmediatamente pensé, esto es lo que quiero vivir, así es mi idea de traer un hijo al mundo, en libertad, le expliqué que mi esposo no estaba muy convencido de esto de tener un parto en la casa, me dijo tú tranquila, tráelo acá yo le explico, nos despedimos y me dijo, nos vemos cuando estés embarazada, ahhh y vas a tener que dejar la moto, me reí y me fui, feliz del conocimiento adquirido, caminaba como quien sabe que lleva la verdad absoluta de algo.

Llegó el momento, me dolían los pechos, igual que la primera vez, me sentía ya saben “rara” “diferente”, salí del trabajo compré una prueba casera, dio positivo, pero positivo débil, porque débil? Es que la rayita no se marcó muy fuerte, al día siguiente en sangre, esto hay que confirmarlo, y así me enteré de que había llegado el momento, no voy a negar que sentí temor, si ese fue mi primera reacción, pero esta vez estaba preparada.

Un embarazo, ¿cómo lo puedo explicar?, no hay manera de describir esos 3 meses de vómito siete veces al día, bajé 25 libras, pasado este tiempo empecé a disfrutarlo, me sentía hermosa, especial. Cuando se acercaba la fecha las personas me preguntaban dónde iba a dar a luz, o si iba a ser cesárea, yo respondía de lo más normal, la voy a tener en la casa, en piscina (lo decía con una sonrisa de felicidad), no mentiré, todos me miraban con cara de estás loca, ¿no tienes miedo?, te crees hippie, y si algo sale mal? Y si algo sale mal? (era lo que más me decían) tanto me repetían esto que decidí al final ya no contarle a nadie más, solo recibía negatividad y eso créanme es lo último que necesita escuchar una mujer embarazada, que está comiendo bien, que lleva el control de su embarazo, que sabe que su cuerpo es lo suficientemente fuerte para crear una vida y por supuesto para darla a luz. En cada control el doctor me decía que estaba grande, si Leah venía más grande que su hermana y vaya que tenía razón, por lo cual decidí tomar clases de yoga prenatal; vamos, hay que ayudar al cuerpo, ya que los músculos que trabajan para traer un bebé no lo usamos siempre, y como músculo atrofiado pues molesta al estirarlo.

No me gusta hablar de dolor, para nada, por lo cual busqué información para parir con placer, así fue como aprendí a amar mi útero, ese maravilloso órgano que permite esta vida, que palpita en cada menstruación, que me hace mujer, me enamoré de estar lecturas, me sentía fuerte, segura, empoderada, orgullosa de mi sexualidad.

Descarge “Parir sin dolor” de Consuelo Ruiz Velez-Frias, cada vez que iba leyendo me iba sintiendo más y más segura de mi poder como mujer, como mamífera dadora de vida, ese día que llegó mi hija, ese 20 de abril a esos de las 5:15 a.m. mientras veía por el insomnio que me provocó el embarazo en sus últimos días, Un Bebé por Minuto, sí ese programa inglés que graba los diferentes partos en una sala en Inglaterra, y aunque no lo crean mientras veía ese programa me vino la primera contracción, y pensé, carajos!!! por estar viendo este programa es que sentí esta contracción? Bueno, el tiempo me demostró que no, siguieron las contracciones, más fuertes a las 7:40 de la mañana aproximadamente, como sabía que no había problemas le dije a mi esposo Sadros M. Copete T. que se fuera a trabajar, pero a las 12:30 mediodía que las sentí más fuerte y que estaba sola llamé a mi doctor, como aún hablaba normal me dijo, te escuchas muy bien así que aún no es tiempo, ok, hay que esperar , luego llegó Sadros con mi almuerzo, y entre contracción y contracción que eran cada 3 minutos para esta hora yo comía arroz, pollo y lentejas, si, comí entre contracciones de lo más normal; luego me acordé que no había terminado el libro “parir sin dolor”, así que tome la tablet y me dije este libro lo termino porque lo termino, no voy a parir sin haberlo terminado, puse la tablet en el borde de la cama y con los brazos en ella empecé a menearme para ir con el va y ven de las contracciones para manejarlas mejor; bien!!! Terminé el libro, ahora a la bola de ejercicios, comencé a hacer todo tipo de movimientos, todos los que había aprendido y visto en tantos programas y videos de youtube, caminaba de aquí allá, veía que todo estuviera listo, conversaba, caminaba, una galleta en fin, estaba en mi casa, podía hacer lo que yo quisiera, y así a las 6:20 p.m. que las contracciones eran más fuertes llamé al doctor, mierco!!! No me contesta, enseguida me llamó su esposa la doctora Graciela, le expliqué y dijo que ya venían para la casa, Sadros, pon el agua a calentar (si, no tengo calentador) a las 8:15 p.m. llegó la doctora, yo en el baño como es usual, ya que había roto fuente hacía unos pocos minutos y entre tanta agua pues mejor allá, bailaba, si cual vals de quinceañera cada una de las contracciones, cada una más fuerte, pero soportable, y es que yo sabía, yo sé que son necesarias para que mi bebe llegue, la doctora me dijo vamos a revisarte a ver cómo estas, aposté con Sadros que si ya tenía 5 o 6 cm de dilatación, y perdimos, nuestra sorpresa fue cuando la doctora dijo que ya estaba en 8 cm, wao y yo pensando que aún faltaba más tiempo, luego sentí ganas de pujar, le dije a Sadros y el avisó a los doctores, cuando estuvo lista la piscina me llamaron, y mis contracciones que estaban en un nivel de 8 en una escala de 1 a 10, bajaron a 6, se sentía muy bien, en efecto se calmaron, esa piscina se sentía tan bien, después vino una contracción fuerte de esas en que sientes todo, y como sentía que me quemaba alrededor sabía que ya estaba la cabecita, toqué y en efecto sentí toda la melena, porque hay que ver que nació con bastante cabello, luego vinieron las palabras de mi amiga fotógrafa Evelyn, me dijo: repítete, para mi Gracieili parir es fácil y placentero, así lo hice, empecé a repetirme esto una y otra vez mientras afuera de la piscina Sadros me daba masajes en la parte baja de la espalda, así iban y venían las contracciones, entre ellas Sadros me hablaba y hasta me decía chistes y yo me reía, eso fue increíble, pensaba, en esta piscina han nacido tantos bebés, aquí hay fuerza, luego vino una contracción muy muy fuerte, los doctores que habían estado a distancia se acercaron, ya era hora de salir, y así con ayuda del doctor Aybar llegó Leah a las 10:14 p.m., pesando 9 libras, y midiendo 53 cm; debo confesar y esto es literal en ese momento no se respiraba oxígeno, se respira amor, es así, no hay otra manera de decirlo, luego salió del cuarto mi hija mayor y mi mamá que del miedo no quería ver jajaja (si Ernestina no estaba de acuerdo, pero como siempre y cómo es característico de ella, me respeta y respeta mis decisiones), desde allí todo ha sido como debe ser, difícil, trasnochador y con un inmenso amor que provoca comerla todos los días.

La placenta pues no las comimos, entre Sadros, Cloe y yo, en un rico smoothie de frutas tropicales y pedazos de placenta, no, no soy hippie, soy una mamífera y si las demás lo hacen pues por algo debe ser, igual aquí estoy.

Esta vez decidí amamantar exclusivamente, pensé, es fácil, esta vez hubo contacto inmediatamente se dio el nacimiento, pero mi sorpresa fue que como siempre y como ley de Murphy , pues no, no iba a ser fácil, se me rompieron los pezones, no se curaban ni con lanolina, estaba a punto de desistir cuando el pediatra de Leah, el doctor Alberto Heart, me dijo lo que él creía según mis síntomas , que podía ser y es efectivamente, sufro del “síndrome de Raynaud”, por ello los pezones no se curaban, si seguía así tendría que darme medicamentos, eso me asustó, el que me conoce sabe que no me gustan los medicamentos y es lo último a lo que recuro, por ello decidí seguir y mi sorpresa ha sido que aunque aún no se han curado del todo, amamantar ya no es un dolor, he aprendido a amar ese vínculo, y aunque él diga que no, esta lactancia materna exclusiva se la debo a mi pediatra Alberto Heart, sin él esto no hubiera sido lo mismo, es uno de esos pediatras pro lactancia que toda mamá así no sea primeriza como yo necesita.